medios de comunicación subvencionados

Parece de todo punto inadmisible que a la altura que estamos ya en el nuevo milenio y con la que está cayendo aún los españoles nos veamos sujetos a pagar por una serie de medios de comunicación, especialmente televisiones autonómicas, con unas deudas ya millonarias acumuladas año tras año que, por supuesto, acaba repercutiendo en el bolsillo del contribuyente ¡como no!. Aquí desde mi punto de vista se generan dos contradicciones, la primera ¿cómo un medio de comunicación de la naturaleza que sea puede ser verdaderamente libre y veraz cuando está siendo subvencionado por el gobierno regional de turno?. En segundo lugar ¿por qué debemos soportar los ciudadanos el coste que supone una empresa que, aún subvencionada, acumula perdidas millonarias?.

Considero que en un estado democrático y con una economía de mercado resulta como poco paradójico que se tenga que inyectar dinero público a una empresa, cuando lo natural es que esta por sus propios medios y recursos no sólo se financiase sino que además pudiera dar beneficios a sus accionistas. Una cuestión básica en cualquier economía capitalista aquí en España se aprovecha para mediatizar a la audiencia con mensajes sectarios y una programación mediocre cuando no rayando en la basura y, por supuesto, financiada por todos los contribuyentes. Esta cuestión debería erradicarse inmediatamente puesto que, como ya he repetido en más de una ocasión, España no es un país rico no creo que sea necesario que disponga de no menos de 13 televisiones autonómicas, todas ruinosas. Mantener este enorme gasto tan sólo por disponer de un arma política con la que perpetuarse en el poder es algo que va contra el sentido común. Opino que en breve deberían privatizarse permitiendo que sobreviviera por sí misma con una programación de calidad e independiente o, por el contrario, disolverla; en cualquiera de ambos casos la consecuencia es positiva: un extraordinario ahorro para todos los ciudadanos.

Cuestión aparte de la puramente económica es su independencia. No es posible que subvencionada por un patrón público, estas televisiones puedan contener en su programación, y particularmente en sus informativos, siquiera la más mínima duda sobre la presencia de un sectarismo, impuesto desde luego por la orientación política del partido que gobierna. Así vemos casos tan detestables como el catalán o el andaluz, cuya información a poco que uno tenga un espíritu crítico tendrá que admitir que la información sea sesgada cuando no sectaria. No con ello estoy afirmando que los profesionales que trabajan en esos medios de comunicación tengan una actitud premeditadamente sectaria, no obstante, seguramente la información con la que tendrán que trabajar seguramente si lo será desde su origen.

Posiblemente habrá más argumentos que nos encaminen hacia la idea de que una reforma que debe de ser acometida sin demora por los gobiernos regionales es la de desacerse del lastre que supone y, por tanto, del enorme gasto que supone para las arcas públicas y, ya de paso, convertirlas en verdaderos medios de comunicación como un tercer poder que pueda realizar una critica creíble tanto al partido del gobierno en el poder como al de la oposición y, en definitiva, una visión realista  y libre de la realidad tanto nacional como internacional, por no hablar de una programación coherente y constructiva.

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